A través del Facebook he encontrado un blog donde estaban recogidas frases de Dave Dufour, útiles si se quiere acabar con la creatividad de las personas y lograr alejarse del éxito.
A todas ellas, yo añadiría unas más, las cuales he puesto más abajo.
1. En nuestro caso es diferente.
2. Ya lo hemos intentado antes.
3. Cuesta mucho.
4. No es mi trabajo.
5. Estamos demasiado ocupados para eso.
6. No tenemos tiempo.
7. No tenemos suficiente ayuda o gente para hacerlo.
8. Es un cambio demasiado radical.
9. A la gente no le va a gustar.
10. Va en contra de la política de la compañía.
11. Los sindicatos van a protestar.
Bueno, ya está, ya soy uno más del facebook (o feisbú).
Al final he sucumbido a la tentación y me he dado de alta en la página.
Apenas llevo cuatro días como usuario pero hay ya cosas que me llaman mucho la atención:
1. La razón que me lleva a conectarme un par de veces al día es mi pecera, la cual tengo lustrosa y ya con cuatro animalicos, varias plantas y unas cuantas monedicas.
2. Ya he recibido ocho solicitudes de amigos, las cuales he aceptado todas, por no ser un malqueda y por tener cierta vida “social” en la red social, que para eso está, ¿o no?
Curioso título el de este artículo, y todo un misterio ¿o no?
Las letras que figuran en la cabecera significan Last In, Marrón Get, que traducido al castellano significa “el última la pringa”.
¿Qué comportamiento se define bajo estas siglas?
Aunque hoy en día es más frecuente el proceso contrario, todavía hay empresas que incorporan a nuevos trabajadores a su plantilla, de modo que los hacen partícipes de los diferentes engranajes de la compañía, se encuentren éstos más o menos engrasados.
Cuando una empresa decide incorporar nuevas personas a su plantilla debe enfrentarse a dos problemas:
1. En primer lugar encontrar a la persona adecuada, aunque en la mayor parte de las veces no deja de ser como jugar a la lotería sabiendo sólo 1 de los 6 números.
2. Una vez ha escogido, se enfrenta al que en mi opinión es un problema todavía más importante: encajarlo en la estructura organizativa.
Lo cierto es que este artículo habla de marketing 2.0 pero no en los términos que habitualmente estamos acostumbrados. No voy a explicar cómo vender mejor las zapatillas de la tienda on-line que has montado, ni cómo utilizar de forma astuta las redes sociales para realizar publicidad de un producto.
Hoy en día cada vez tenemos más competencia en el ámbito profesional, y hay mucha gente con una experiencia parecida, una formación similar y, a simple vista, poco se diferencian. Se ha globalizado todo: la economía, el turismo, la cultura, la gastronomía, y, por supuesto, el trabajo.
No es extraño encontrar a gente de varias nacionalidades mezclada en las empresas, especialmente si son multinacionales. La movilidad es cada vez más común y ahora, a la hora de buscar un trabajo o una recomendación o simplemente vías de reconocimiento, hay que competir con gente de nuestro país y con los que están fuera, tanto a nivel personal, como empresarial.
¿Qué podemos hacer, entonces, para lograr destacar frente al resto?
Hace unos años existía un grupo llamado La mosca tse tse, original de Argentina, que tenía en su repertorio música movida, sencilla y pegadiza.
Su cantante, Guillermo Novellis, lucía dos elementos que le diferenciaban de otros cantantes: su cabeza afeitada, y una enormes gafas negras.
Entonces a todos nos parecían graciosas, y casi ridículas, pero evocaban perfectamente la imagen de una mosca y les servían, supongo, para crear esa marca del grupo que les identificaba claramente.
En el blog de GedPro he encontrado una graciosa viñeta que describe, casi con total fidelidad, las situaciones a las que los informáticos nos tenemos que enfrentar día a día. Muy recomendable también otras que hay en la fuente original de esa rita cómica: el blog de Sinergia sin control.
Lo más curioso de estos chistes es que, en realidad se están riendo de nuestras propias desgracias, ya que las situaciones que representan son reales como la vida misma.
Hace ya unas semanas me compré un capricho tecnológico. Hacía mucho tiempo que iba detrás de uno, porque siempre he creido que sería muy interesante para mí tenerlo, y que podría sacarle partido.
Acostumbro a tener varios libros empezados al mismo tiempo, además de dos o tres revistas, y voy cambiando de uno a otro según el día, mi estado de ánimo, o lo que me haya pasado durante el día.
Por eso, es bastante caótica la estantería del dormitorio, ya que los volúmenes se acumulan, algunos doblados, casi todos con marcadores improvisados como recortes, recibos…
Después de mirar en el mercado, y para ajustarme al presupuesto que tenía, me decidí por el Energy System 1060 ya que cumplía con las dos características mínimas que estaba buscando: mínimo 6″ de pantalla, y capacidad media de almacenamiento interna.
Obviamente, me hubiera gustado que tuviera otras cosas:
Hay una frase habitual que se suele utilizar cuando queremos referirnos a una situación con mucho riesgo: “es más peligroso que un mono con pistolas”.
Lo cierto es que me gusta, ya que da una idea exacta de lo que pasaría si un simio tuviera un arma cargada, especialmente si decidiera usarla. Nadie sabe a qué dispararía, ni cuántas balas, ni habría posibilidad de predecir sus consecuncias.
Estas navidades le regalaron a mi hijo un juguete compuesto por dos piezas: una especie de cubo en el que cada cara tenía un juego, con música, con piezas, unos muñecos para darles vueltas…; por otra parte, sobre el cubo se pone un juego de alambres de colores, con piezas de plástico que hay que mover de un extremo a otro.
Está claro que nosotros, como adultos, tenemos una idea exacta de cómo hay que jugar, y que las piececitas hay que desplazarlas a lo largo del alambre, y que la estrellita entra en el hueco de la estrellita, y que dándole al botón naranja sonará música.
Sin embargo, mi hijo aporrea el cubo, le da vueltas a una bola que hace ruido, castiga a los muñequitos, y se pone como sombrero los alambres cuando le apetece, o lo castiga sin misericordia.
¿Por qué? Porque no sigue el razonamiento lógico de quien inventó el juguete, ni las normas que todos hemos aprendido a la hora de jugar. A él le gusta golpear el juguete, aunque ignoro la razón, y le gusta volcarlo, y no mete las piezas en su hueco, sino que las agita y luego las aparta.
Si nos paramos a pensar, seguro que encontraremos un paralelismo con los usuarios de las aplicaciones informáticas
En un artículo del pasado mes de diciembre hacía referencia a la Calidad en proyectos informáticos.
A raíz del mismo, mantuve una interesante conversación con un compañero de trabajo en la cual estuvimos hablando de la importancia de la pruebas y del poco rigor que en ellas se aplicaba, con la consecuente falta de calidad.
Él sostenía que, en general, era problema de dejadez de los integrantes del equipo, especialmente los programadores, y de la falta de tiempo.
Sin embargo, aunque para mí son factores que sí son importantes, no creo que sean los fundamentales.
A menudo, en un proyecto y de manera repetitiva se oye la frase “tenéis que probar”. Pero, realmente, ¿el equipo sabe qué significa?
La respuesta habitual, cuando le preguntas a un programador, es “claro que he probado”. ¿Y qué ha probado? Pues el camino de baldosas amarillas. Es decir, el camino ideal 1-2-3 pero no ha considerado otras opciones alternativas y más rebuscadas.
Esto se produce, en mi opinión, por tres razones principalmente: por falta de tiempo, por dejadez, y, sobre todo, por ignorancia.
Como véis, coincido en las dos primeras con los argumentos que mi compañero esgrimía, pero pueden llegar a ser secundarios al lado del tercero.