Cuando la burbuja explota

De manera general, todos los proyectos (salvo los proyectos-bombaarrancan llenos de buenas intenciones, de modo que los involucrados esperan cumplir los plazos, no sobrepasar el presupuesto y alcanzar la calidad prevista. Si no fuera así, los clientes no confiarían en nosotros para realizarlos.

Sin embargo, durante el ciclo de vida de un proyecto ocurren numerosos imprevistos. En el mundo del software éstos pueden ir desde la marcha de un técnico del equipo, a problemas de hardware con un servidor o un ordenador de trabajo, periodos de baja, reasignación de recursos, o aspectos tan simples como problemas de software (liberías de terceros que no hacen lo esperado, se corrompe la IDE, fallos de configuración inexplicables, etc).

burbuja

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Todos estos son elementos que tienen un impacto claro en la planificación prevista, de modo que implican una modificación del plan general. Es en este momento cuando la burbuja que rodeaba al proyecto empieza a temblar, o incluso se rompe, y es necesario admitir que alguna o todas las variables inicialmente previstas, van a sufrir desviaciones.

En el caso de que los problemas surgidos sean responsabilidad del proveedor, lo más conveniente suele ser asumirlos y tratar de negociar unas nuevas condiciones para el proyecto. En caso contrario, los problemas se irán convirtiendo en bolas de nieve, cada vez más difíciles de parar. No es posible mantener un engaño durante mucho tiempo, y tarde o temprano el cliente pedirá realizar una revisión y se verá que el grado de avance declarado no es el adecuado, o la estabilidad del proyecto no es la esperada.

A menos que estemos totalmente seguros de que somos capaces de reconducir la situación que ha ocasionado el problema sin poner en riesgo ninguno de los tres pilares fundamentales del proyecto,  debe seguirse una política de sinceridad como norma habitual, la cual afiance la confianza mutua que debemos ser capaces de crear con nuestro cliente.

 

Si los problemas están ocasionados por el cliente, la situación es más complicada de gestionar, puesto que hace falta ser habilidoso para hacerle entender que no ha cumplido su parte del trato, y que resulta imprescindible la implicación de todos para poder llevar el proyecto a buen término.

De nuevo la mejor política es la sinceridad, sentarse juntos a revisar el avance del proyecto y ser claros a la hora de establecer responsabilidades y fijar soluciones. El cliente deberá comprender que no podemos ayudarle a llevar a cabo sus planes si no se deja ayudar. Los proyectos que para él vamos a desarrollar tendrán un impacto en sus procesos, en su personal, en su relación con sus clientes o proveedores, etc y por eso requiere de su esfuerzo y su colaboración, no debe desentenderse del mismo esperando que el proveedor adivine sus necesidades o deseos.

 

Los engaños siempre terminan siendo descubiertos, y existe un punto de no-retorno a partir del cual el desastre está asegurado, siendo la situación ya muy difícil de reconducir. Todas las partes suelen resultar perjudicadas, ya sea por el esfuerzo y la ilusión invertidas, o bien por el gasto material realizado. Hay que evitar llegar a este punto siempre que sea posible.

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