El elegido

Durante la vida profesional de una persona surgen oportunidades de mejora que debemos aprovechar.

Cuando somos gestores de un equipo, una de nuestras labores debería ser la de detectar aquellas personas que tienen un potencial de crecimiento suficiente como para ascender en la pirámide de la empresa, de manera que ambas partes se beneficien del cambio.

Resulta complicado elaborar esta lista de “elegidos” porque hay muchos factores como la empatía, el último resultado, situaciones personales, etc que influyen en la decisión. Sin embargo, antes o después todos nos enfrentamos a ello, bien porque es necesario cubrir una plaza ya existente, bien porque se crea un puesto nuevo.

¿Qué hacer entonces?

Generalmente se elige al número 1 (que para eso encabeza la lista), se habla con él, se le explican las circunstancias y condiciones del ascenso y, finalmente, se le pregunta qué le parece.

En la mayor parte de los casos podemos intuir su respuesta afirmativa ya que el deseo de la mayor parte de nosotros es progresar en el trabajo (en condiciones normales).

Sin embargo, nos podemos encontrar con una negativa, motivada por múltiples factores: personales, económicos, profesionales.

Entonces, ¿qué ocurre?

Obviamente, tras la sorpresa inicial por un rechazo no esperado, pasamos al número 2 y vuelve a empezar el proceso.

Naturalmente, la situación ya no es igual: puede que el nuevo candidato sepa que no es nuestra primera opción y eso influya en su respuesta; el equipo se puede sorprender por ver que la recompensa la obtiene otro diferente al que ellos suponían; puede que incluso no estén de acuerdo con la decisión adoptada; y también puede que ni el elegido ni el equipo le den importancia al cambio y lo acepten.

En cualquier caso, si estamos seguros de la decisión tomada y tenemos argumentos de peso, debemos explicarlo a todos los interesados y hacerles ver que la decisión es firme, de manera que deben aceptarla y apoyarla.

Cuando la comunicación en el equipo es directa, sincera y objetiva no debemos tener miedo a transmitir al equipo cualquier mensaje.

En otro artículo futuro veremos qué hay que hacer con aquellos integrantes de nuestro equipo que no acepten las decisiones que se adopten.

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