El no-trabajo y la gripe V (gripe de vagos)

He visto un interesante artículo en el blog Líder de Proyecto en el cual se presenta una graciosa fábula donde se hace referencia a la habilidad que determinada gente tiene para no hacer nada dentro de la organización.

Al final, da a entender que son los jefes los que, generalmente, pasan los días sin dar un palo al agua, esperando a que los demás resuelvan los problemas que en realidad ellos deben solucionar.

Aunque debo confesar que me ha hecho gracia, creo que el enfoque es erróneo. Solemos pensar que los jefes no hacen nada, que están todo el día en su despacho pasando las horas y pensando en nuevas formas de tortura laboral, con las cuales hacernos la vida imposible. el arte de no hacer nadaSin embargo, la mayor parte debemos presentar unos resultados satisfactorios, elaborar informes de múltiples tipos, solucionar conflictos, hacer las veces de sicoanalista, consejero, señor del látigo, etc, etc

En ocasiones debo reconocer que puede llegar la situación a asemejarse a la descrita, ya que el poder nos cambia a todos, lo queramos o no. Sin embargo, me resisto a pensar que esto ocurre de manera generalizada, ya que, por experiencia propia, he visto que la mayor parte de los casos la evolución hacia puestos de responsabilidad se hacía de manera natural y sin consecuencias despóticas.

A pesar de ello, en las grandes organizaciones sí suele existir un escalafón que se puede ajustar a la fábula presentada en el blog antes mencionado. Suelen ser determinados mandos intermedios, de los que nunca se sabe qué hacen exactamente, ni a quién rinden cuentas, ni a qué departamento pertenecen,  ni otros datos habituales en cualquier empresa normal. Sin embargo, son capaces de dar órdenes a otros empleados, de hacer ver que están extremadamente ocupados, de tomar varios cafés a lo largo del día sin que nadie se extrañe por ello, y desarrollan una habilidad extraordinaria para el escaqueo y el buen vivir dentro de la oficina.

Este tipo de personas son extremadamente peligrosas, puesto que no sólo estamos gastando una parte de los recursos de la empresa en mantener su salario (no suele ser pequeño) sino que el riesgo de “contagio” a otros empleados es grande. Cuando ves que tu vecino vive bien, hace poco o nada, y nadie le llama la atención, sueles terminar imitando las mismas costumbres, a pesar de que inicialmente puedas resistirte. Ello empieza a contaminar la estructura y la productividad de la empresa y termina convirtiéndose en un problema crítico de manera más o menos rápida.

Para los gestores, sean de proyectos, departamentos o de empresa, es fundamental detectar a esta clase de empleados, vividores del cuento, y tratar de apartarlos cuanto antes porque si no, en el futuro, el número de personas productivas será mucho menor que aquellos que vivan en la máquina del café.

¿Conoces algún caso como el descrito? ¿Te has sentido tentado a seguir su ejemplo? ¿Cómo se podría solucionar este problema?

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