En busca de la felicidad

Esta semana, no recuerdo en qué canal, vi la película “En busca de la felicidad”.

Debo decir que, en líneas generales, la película me gustó aunque me dejó una sensación incómoda ya que esperaba otra cosa, o al menos me hizo pensar que el argumento sería diferente al que finalmente pude ver.

Para el que no la conozca, trataré de resumirla brevemente: Will Smith es un marido y padre que anda en busca de su sueño, y para lograrlo es capaz de sufrir hasta llegar a perder casi todo.

En cuanto a la calidad artística de la película, la cual no entraré a juzgar en detalle porque no soy un experto ni creo que sea éste el foro, sí me parece que está bien rodada y construida, poniendo énfasis en aquellos puntos importantes que deben resaltarse en el argumento global. Es recomendable verla.

Sin embargo, es una de las pocas películas de las que he visto últimamente que me ha hecho reflexionar.

Durante las casi dos horas que dura, y tras un fracaso económico, el protagonista se afana en buscar un cambio en su vida que le permita dar más estabilidad y porvenir a él y a su familia.

Lo que más me llama la atención es que, en el camino, es capaz de renunciar a todo, a cualquier comodidad, a todo tipo de estabilidad, salvo su hijo. Todo con el fin de alcanzar su objetivo.

La película, basada en una historia real, es un ejemplo de una persona que tiene claro qué desea, qué es prescindible para él y qué no, cómo puede lograrlo y un plazo para hacerlo. Además, se juega todo a una carta aunque perder pueda suponer tener que renunciar a lo irrenunciable. Obviamente, creo que es un caso entre miles que persiguen un sueño, dispuestos a hacer cualquier cosa por él, renunciando a todo con tal de alcanzarlo. La inmensa mayoría se quedan por el camino.

Al final, como he dicho antes, la sensación que me quedó es incómoda. Por un lado, el protagonista apuesta su porvenir y el de su familia por buscar lo que él considera lo mejor. Por otro, demuestra un grado de compromiso total con todo aquello que considera irrenunciable, destinando todas sus fuerzas a conservarlo.

En general creo que hace falta una mezcla de locura y valentía para afrontar etapas de cambios tan importantes y críticas, y no todos estamos preparados para hacerlo, al menos mientras estemos instalados en la comodidad de la clase media.

¿Pasaría lo mismo si estuviéramos al borde del abismo?

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