En minutos, ¿cuánto es poco?

Imaginemos que hemos comprado un piso (sé que hoy en dia es una fantasía, como pensar en el Grial, pero  hagamos el esfuerzo) y que  le preguntamos, a los diferentes gremios, cuánto van a tardar en terminar la fontanería, los alicatados, las ventanas, etc.
Una vez hecha la pregunta, unos segundos de silencio, cada de reflexión, y recibimos una escueta respuesta: no mucho.
¿Cómo? ¿No mucho? Entonces, ¿cuándo podré entrar a vivir? Por deducción debo entender que “pronto” ¿no? ¿Y pronto es mañana o pasado o la semana próxima?


Si no tenemos la certeza de cuánto va a costar una tarea, aunque sea de forma estimativa, es imposible que el plan  en el que está incluida  sea creible y se acerque a la realidad.
Todos los que trabajan conmigo saben que, mi inmediata respuesta tras oir estimaciones tan exactas como “poco”, “mucho”, “pffffff”, siempre es la misma: y eso, en el sistema métrico decimal, ¿cuántas horas son?

Medimos jornadas laborales, medimos salarios, medimos presupuestos, y tratamos de encajar los proyectos teniendo en cuenta todas esas y otras variables. ¿Cómo hacerlo si no tenemos ni idea de cuánto cuesta hacer cada paso? Podemos equivocarnos a la hora de estimar, por multiples razones, pero es imposible mejorar si no lo convertimos en parte de nuestro procedimiento diario de trabajo.

Resulta un trabajo duro, sobre todo si no se tiene el hábito de hacerlo ni la experiencia o las herramientas para llevarlo a cabo. Sin embargo, estimar es un paso imprescindible para mejorar en cualquier proceso de gestión, y, obviamente, cualquier cálculo hay que hacerlo en una unidad cuantificable.

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