LIMG

Curioso título el de este artículo, y todo un misterio ¿o no?

Las letras que figuran en la cabecera significan Last In, Marrón Get, que traducido al castellano significa “el última la pringa”.

¿Qué comportamiento se define bajo estas siglas?

Aunque hoy en día es más frecuente el proceso contrario, todavía hay empresas que incorporan a nuevos trabajadores a su plantilla, de modo que los hacen partícipes de los diferentes engranajes de la compañía, se encuentren éstos más o menos engrasados.

Cuando una empresa decide incorporar nuevas personas a su plantilla debe enfrentarse a dos problemas:

1. En primer lugar encontrar a la persona adecuada, aunque en la mayor parte de las veces no deja de ser como jugar a la lotería sabiendo sólo 1 de los 6 números.

2. Una vez ha escogido, se enfrenta al que en mi opinión es un problema todavía más importante: encajarlo en la estructura organizativa.

Generalizando, hay dos tipos de perfiles: directivos, y el resto. Sin embargo, a pesar de que la problemática de cada uno es particular a los cargos que se desempeñen, ambos comparten un riesgo en común, y es el de LIMG.

¿Por qué?

Salvo excepciones, las empresas se piensan mucho y retrasan todo lo que pueden la incorporación de una nueva persona, ya que supone un gasto extra, es un riesgo nuevo, y requiere recursos tanto para su captación como para su integración y desarrollo.

Por ello, cuando ya los empleados que hay en ese momento se encuentran desbordados de trabajo, es cuando se decide la contratación de alguien nuevo. ¿Qué ocurre entonces? Alguien se plantea las tareas, cometidos y responsabilidades que tendrá la persona que se incorpora, y por una extraña razón, aparecen temas que llevaban enquistados mucho tiempo, sin avance, que parecían olvidados en el limbo de las tareas bien porque no había tiempo, o interés o ganas de hacerlas, bien porque nadie las había reclamado.

En ese momento, si los empleados son suficientemente hábiles, se produce un traspaso de tareas (brown-giving-day) de manera que cuando llega la nueva persona, por arte de magia tiene un montón de asuntos que resolver. Es decir: Last In, Marrón Get.

Obviamente, es un error proceder así, al menos de forma tan radical.

En mi opinión, es bueno que las personas que se unen a una empresa cuenten con tareas preasignadas de antemano, ya que a todos nos gusta sentirnos útiles (sé que corro el riesgo de equivocarme al generalizar) y también ayuda a aprender tanto el funcionamiento interno de la compañía a la que se incorporan como a conocer la gente que forma parte de ella, y todos los que se relacionan de alguna manera con la empresa.

Sin embargo, para que la evolución del nuevo empleado sea la correcta es necesario elaborar un plan de “integración” que le permita incorporarse de forma paulatina en su nuevo sitio. Ese plan, entre otras cosas, deberá contener una descripción del puesto y sus responsabilidades, las personas encargadas de supervisar y evaluar su progresión, los criterios a aplicar, fases por las que va a pasar y objetivos de cada una, y, en general, toda aquella información que nos permita planificar adecuadamente la incorporación del nuevo empleado.

Sólo así, y unido a sus capacidades personales e intelectuales, se podrá lograr que en lugar de conocer uno de los números ganadores de la lotería, podamos tener en nuestro poder un boleto con premio.

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