- Hola, ¿puedo hablar con Luis Sánchez?
- Sí, ¿de parte de quién?
- De Carlos, de Plásticos Fiables.
- Voy a ver si está disponible.
(Unos segundos de espera)
- ¿Sí? ¿Carlos?
- Sí. ¿Qué tal te va todo?
- Bien, liados, como siempre, pero qué le vamos a hacer. Cuéntame.
- Nada, te llamaba para saber cómo va lo mío. Hace ya varias semanas que no sé nada de vosotros y la fecha de entrega que acordamos se va acercando.
- Sí, iba a llamarte esta semana. Ha habido algún problema en el proyecto y creo que tendremos que retrasarla unos días.
En estos momentos es cuando el cliente se queda perplejo, sin saber qué decir, y se empieza a temer lo peor. Se afloja el nudo de la corbata, unos segundos de silencio y la comunicación se reanuda.
- ¿De cuánto tiempo estamos hablando? – Los nervios se notan en el tono de voz del cliente.
- Bueno, es difícil de cuantificar ya que unas librerías que habíamos comprado para tu proyecto, y que nos iban a permitir acelerar el desarrollo, finalmente no han resultado adecuadas. Además, he tenido a uno de los programadores de baja, y el gerente de organización no me ha puesto un sustituto.
La lista de excusas sigue, y la conversación empieza a tomar un carácter agrio, con acusaciones mutuas, amenazas de demanda, etc.
Sigue leyendo →