Por Shiva, tengamos fe

Según la Wikipedia, Shiva es uno de los dioses de la Tri-murti (‘tres-formas’, la Trinidad hinduista), en la que representa el papel de dios destructor junto con Brahmá (dios creador) y Visnú (dios preservador).
En occidente yo creo que lo conocemos más por un rasgo físico característico, el de tener cuatro brazos y estar sentado en una de esas posturas orientales que tanto hacen crujir los huesos.
Sin embargo, y aunque inconscientemente, en algunos proyectos estamos más cerca de lo que parece de esta religión hindú, ya que constantemente nos empeñamos en convertirla en metodología de trabajo.

¿Qué ocurre cuando tenemos multitud de tareas y poco o ningún tiempo para hacerlo? Nos invade una sensación de que por muchas horas que invirtamos nunca llegamos, que no hay manera de llegar a los plazos salvo haciendo que los días multipliquen sus horas de manera exponencial.

¿No desearíamos entonces tener cuatro brazos para poder llegar a todo?

Sin embargo, el peor punto no es el agobio o la ansiedad por no poder cumplir el cometido. La peor consecuencia es que el proyecto al que pertenecen todas esas tareas se convierte en un tributo a la fe, confiando a la divinidad el buen resultado del mismo, de manera que, al poner todo o una parte en marcha, la frase más cercana a la realidad sea “a ver Shi-va” (pequeña licencia humorística)

No podemos permitirnos perder el control de un proyecto puesto que entonces el resultado pasa a ser más parecido al de un sorteo de lotería, donde las probabilidades de ganar suelen ser muy bajas.
Confiemos el éxito en una consecuencia del trabajo bien hecho y gestionado, en lugar de poner velas en un altar.

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