Rumores que matan

En las organizaciones actuales es habitual que se combinen diferentes tipos de personas, con distintos perfiles y conocimientos, los cuales tienen que unir sus fuerzas para obtener los mejores resultados.

En esa combinación de fuerzas es necesario, además, que los diferentes egos, miedos, esperanzas, aspiraciones, y cualquier otro componente emocional, se adapten a la organización. Esta es la parte más difícil de coordinar y gestionar, puesto que no pertenecen al mundo de lo tangible, sino que es necesario dar respuesta a todos ellos de manera que en ocasiones hay actuar más de padre que de jefe.

Sin embargo, hay ocasiones en las que el equilibrio se rompe, y una de las causas más habituales es la rumorología que aparece por los motivos más insospechados.

Hay múltiples razones que pueden ocasionar que un rumor se extienda, pero todas tienen, en mi opinión, un denominador común: el miedo al cambio.

¿Qué hacer cuando un rumor se extiende por la empresa y afecta al normal rendimiento del equipo? Hay dos posibles soluciones: dejarlo estar y esperar a que se diluya; o bien cortarlo de raíz.

Personalmente creo que lo mejor en estos casos es acabar con él cuanto antes ya que, con el tiempo, suele ser como una bola de nieve que engorda conforme más vueltas da. Me recuerda a la higuera estranguladora, que crece en las selvas tropicales a la sombra de otro árbol y termina por matar al huésped conforme más crece la higuera.

Lo malo de los rumores no es que existan, ya que es inevitable, sino que se desvirtúa conforme pasa cada minuto ya que cada uno de los afectados aporta su granito de arena, ajustándolo a sus propios miedos. Así, al cabo de un par de días, y tras varios cafés en común, todos los integrantes del equipo son conocedores de una mentira a la que han dotado de una veracidad mayor que cualquier otra afirmación que se pueda hacer.

¿El resultado? Que se pierden demasiado tiempo en darle vueltas al rumor, baja la productividad y el miedo puede hacer que algunos de los integrantes del equipo decidan que esa situación no es la que quieren y pueden decidir tomar un nuevo rumbo profesional.

Los mejores proyectos son aquellos en los que no hay sobresaltos desde que se comienzan hasta que se son entregados. Sin embargo, esta visión es utópica por lo que, ya que los riesgos y los imprevistos son inevitables, tratemos de minimizarlos todo lo que podamos.

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