Somos los malos de todas las películas

Recientemente, en algunos medios de comunicación, se ha publicado la noticia de que un hacker ha accedido a los equipos de los investigadores del cambio climático de la ONU.

En el ataque se han descubierto unos datos realmente comprometedores para los investigadores, datos que luego se han hecho públicos y que se están investigando.

La noticia apenas ha tenido repercusión, no sé si por interés o por desinterés, y en aquellos medios en los que se ha hecho referencia, lo más curioso es que se han centrado más en el ataque que en la importancia de los datos revelados. Ignoro si a nadie le interesa poner en tela de juicio el cambio climático o en realidad venden muchos más periódicos si el titular hace referencia a un ataque informático.

Esta noticia no es muy diferente de otras similares, en las cuales se descubre información muy relevante, y que son tratadas desde un punto de vista sensacionalista. No importa qué se encuentra, sino cómo se ha accedido de manera intrusiva.

Lo peor es la sensación negativa que están generando hacia el mundo informático. Para el que no tenga conocimiento de las posibilidades que ofrecen los ordenadores, seguro que piensa “estos informáticos, siempre tocando las narices y haciendo el mal”. Somos el demonio.

Sin embargo, ésta no es la única consecuencia de tratar de manera sesgada a todo un colectivo, sino que mucha gente se está acostumbrando a culpar a la informática de su ineficiencia o su ineptitud. ¡Cuántas veces hemos oído “ha habido un fallo en el sistema informático y no he podido tramitarlo”!

Nos hemos convertido en los culpables de los males de la humanidad, y seguro que nos acusarán tarte o temprano de que a Manolete lo mató un informático ahogándolo con el cable del ratón.

Lo más graves es que nosotros mismos hemos creado parte de las causas ya que la calidad del software es, en muchas ocasiones, realmente deficiente. Entregamos productos mal probados, inacabados, tratamos al cliente como un ignorante que no conoce ni su propio negocio, cobramos barbaridades por servicios inútiles, regalamos proyectos increíbles a precios ridículos, etc. Seguro que todos somos capaces de listar una buena cantidad de proyectos en los que hemos participado y que estaban condenados a causar problemas en el cliente, casi antes de empezar.

Es muy complicado ofrecer un proyecto de software que no tenga fallos y que se ajuste a lo que el cliente desea, por múltiples razones. Sin embargo, si nosotros mismos no nos imponemos unos mínimos de calidad, y unas condiciones básicas de trabajo que nos permitan ser considerados como profesionales, seguiremos sufriendo el menosprecio de gran parte de la sociedad, ya que continuarán viéndonos como gente extraña a la que no comprenden pero que les causan problemas.

Mientras conseguimos cambiar esta tendencia y hacernos valer, tendremos que seguir siendo los malos de la película, viendo cómo cualquier presupuesto o solución resultan excesivamente caras, y cómo todo es culpa del sistema informático, incluso aunque éste no exista realmente.

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