Y a ti, ¿qué te importa?

Siempre me ha gustado la frase “Las opiniones son como los culos, todos tenemos una”.

Es la dura realidad a la que nos enfrentamos todos día a día, ya sea en nuestro ámbito personal o profesional.

Cuando trabajas en un producto, cada decisión debe ser pensada meticulosamente, mucho más que si estamos desarrollando algo a medida. Saber cómo va a afectar técnicamente ya es una tarea compleja, pero adivinar lo que van a pensar tus usuarios es un ejercicio de completa adivinación.

A menudo nos enfrentamos al diseño de una nueva funcionalidad. Bien, sabemos qué pretendemos hacer y sabemos (aunque no siempre) que es algo que nuestro producto necesita para poder competir con otros similares, o es una necesidad que los usuarios han manifestado.

Entonces, ¿dónde está el problema?

La clave está en cómo llevar a cabo esa idea. Por ejemplo: pasar del sencillo ”quiero que envíe un correo de aviso” a diseñar la solución ya final puede llegar a ser un duro camino a recorrer.  ¿Cuántos destinatarios? ¿Cómo elegirlos? ¿En qué momento? ¿En qué formato? ¿Dónde presentar la ventana de edición? Etc, etc, etc.

A menudo la tentación de implementar la solución que a nosotros nos gustaría es enorme. Yo he discutido mucho con colegas de trabajo porque no entendían la clase de usuarios que teníamos, y es que los informático tenemos tendencia a pensar que nuestros usuarios conocen tanto la técnica como nosotros, y que usarán recursos como atajos de teclado, ayudas contextuales, ctrl-c, etc. Esto casi nunca se da y terminamos construyendo la solución que nosotros querríamos en lugar de la que realmente van a usar.

Es decir, hay que pensar en lo que gustará a la mayoría.

Debemos tener claro que contentar a todos es imposible. Incluso puede que nosotros mismos no estemos satisfechos con lo que hace la funcionalidad, pero no importa. Lo que de verdad tiene relevancia es que ese desarrollo debe satisfacer las necesidades de la mayor parte de nuestros usuarios.  Habrá un gran porcentaje que añadiría o quitaría algo, un porcentaje menor que no considera útil lo que hemos hecho o cómo se ha ejecutado, y deberíamos lograr que sólo un porcentaje residual considere una estupidez el trabajo realizado.

Si logramos dar satisfacción a una gran parte del público objetivo, entonces nuestro trabajo habrá sido un éxito.

Si por el contrario implementamos una cojo-funcionalidad que luego no usa nadie por mala, inútil, complicada, fea o cualquier otro motivo que se os pueda ocurrir, entonces habremos perdido tiempo y dinero, aunque si somos listos habremos obtenido una valiosa lección.

En general, mi experiencia se reduce al ámbito profesional ya que he tenido que colaborar en la creación de productos informáticos. Sin embargo, me temo que los peligros del “esto me gusta, esto no” son generales a cualquier actividad que requiera la elaboración de artículos repetibles, ya sean coches, ropa, adornos, cosmética, etc. Todos estamos sujetos a la tiranía de la mayoría.

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